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martes, octubre 13, 2009

Albricias


No soy un experto en política, ni mucho menos en economía, pero basta googlear un rato y leer los argumentos en pro y en contra de la liquidación de LyFC para darse cuenta de que, definitivamente, la desaparición de esta compañía fue la decisión más inteligente que la administración de Felipe Calderón ha tomado. Los argumentos en pro hablan de cifras, de datos reales; los argumentos en contra son falaces y viscerales.

"Pero... pero... ¿¡y los trabajadores!? ¡¡¿Dónde quedan sus derechos?!!" Creo que es bastante claro: se les dará una indemnización tal y como la marca la ley y su contrato, según el presidente correspondiente a más de 30 meses de sueldo, suficiente para que encuentren trabajo, además de que se les dará prioridad cuando la CFE contraté personal para el servicio en el área que antes correspondía a LyFC. "Pero... con esta crisis, ¡no hay trabajo! ¡No encontrarán trabajo!" Por la misma razón, de hecho, por la crisis, porque estamos como estamos es urgente que se tomen este tipo de medidas.

El señor Andrés Manuel de inmediato saltó a apoyar al SME y a LyFC, demostrando una vez más que él lo que quiere no es "el bien de todos", sino el poder. Porque alguien que quiera el bien de todos, por más que le caiga mal Calderón, por más que se sienta víctima de un fraude, por más que sea de izquierda y la manga del muerto, debería alegrarse de que por fin se haya hecho algo que de verdad mejorará la vida de los mexicanos. Y si no se va a alegrar (porque es de izquierda y le cae mal Calderón y además fue víctima de un fraude), por lo menos no va a apoyar a un sindicato corrupto y a una compañía ineficiente que se debió acabar desde hace muchos años.

Por eso "estaríamos mejor con López Obrador"...

sábado, julio 25, 2009

Estoy a favor de la privatizaciòn de la industria eléctrica

Me he dado cuenta de que la política es un tema divertidísimo para reflexionar, pero no para conversar.

Hazlo grande con un clic, viteh.

Hace algún tiempo la izquierda de este país, comandada principalmente por el señor Andrés Manuel, se manifestó arduamente en contra de la privatización de la industria eléctrica (propuesta por el en ese entonces y también ahora gobierno federal de derecha).

Planteémos una situación hipotética: todos ustedes necesitan comida y agua para vivir y yo la tengo. Soy el único que tiene comida y, por lo tanto, puedo, si quiero, vendérselas al precio que se me antoje y las condiciones que se me antoje. Total, ustedes la necesitan y, sin importar que tan malo sea el servicio que yo les brindo, igual me lo van a comprar.

Pero supongamos que, de pronto, aparece otra persona que también vende comida y agua. Esta persona empieza a brindar un mejor servicio que yo: más barato, más práctico, más eficiente, más sano... Como es obvio, todos ustedes dejarán de comprarme a mí porque les conviene comprarle a él... ¿Qué hago yo? Pues lo único que puedo hacer, si quiero conservar mi clientela y mi negocio: mejorar el servicio, tratar de bajar los precios menos que mi competidor y subir la calidad más que él.

Este ejemplo ilustra por qué es necesaria la competencia y por qué son tan malos los monopolios.

Nuestra sociedad socialista wannabe tiene una terrible e irracional fobia a una serie de palabras que nuestros políticos e intelectuales nos han inyectado: riqueza, extranjero, particular y, sobre todo, privado... de algún modo, sentimos que hay ciertas cosas que son nuestras y que, por lo tanto, no es justo que algún particular se encargue de ellas; nos han enseñado a entender las cosas de la siguiente manera: los ricos son MUY malos y disfrutan explotando a los pobres, siempre que haya un particular que es dueño de un servicio (esto es, siempre que haya privatización) habrá alguien rico que disfrutará haciendo que los pobres sean más pobres e incrementando los precios para hacer sufrir al pobrecito pueblo, quitándole de paso su soberanía.

Pero la verdad es ésta: mientras el servicio esté monopolizado, no importa si es por un particular o por el estado, será pésimo. En lo personal, me parece más inteligente que se permita al sector privado proporcionar este servicio porque, de esa manera, puede haber competencia y, por lo tanto, el servicio puede mejorar.

Piensen en Teléfonos de México: yo no me acuerdo, pero sé por el testimonio de algunas personas mayores que, antes de la privatización de TelMex, el servicio era pésimo (así como es ahora el servicio de Luz y Fuerza): pedías una línea y en seis meses, si tenías suerte y a ellos se les daba la gana, te la ponían. Ahora, por el contrario, el servicio es bastante bueno, incluso a pesar de que casi está monopolizado (actualmente más y más personas están optando por la competencia de TelMex en cuanto a teléfono e internet, otorgada por la compañía de cable).

O sea que sí: yo creo que se debería privatizar el servicio de energía eléctrica. Ódienme >=D

Éste sí, o lo haces grande o no lo ves, boludo.