El otro día vi un comercial muy frikeante donde un grupo de botargas con forma de dientes amarillos bailaban y cantaban que había que lavarse los dientes dos veces al día.
Además del susto y las pesadillas que esas horribles botargas amarillas me causaron, también me entró la duda... ¿dos veces? ¿Que no eran tres?
Aunque también he de decir que eso me alegra, porque a partir de entonces soy legal. Lo que pasa es que yo sólo me lavo los dientes dos veces al día porque lavarme los dientes justo después de comer me da muchísimo asco.
Así que, lo último que hago antes de salir a la escuela es lavarme los dientes, después de que ha pasado como media hora desde que desayuné, y también es lo último que hago antes de dormir, ya que ha pasado un tiempo desde que merendé.
Sin embargo, por más que me digo a mí mismo: ahora sí, después de comer también me los lavo, nunca lo cumplo, porque hacerlo inmediatamente después de los alimentos me causaría vómito y, tras esperar algunos minutos, sencillamente, lo olvido.
Qué cosas.