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martes, marzo 30, 2010

Chuck Norris sí te quita lo bailado

Hola. Hace mucho que no escribo y en realidad este no es un texto tan reciente. Lo escribí cuando vi la frase que lo titula (la cual me dio mucha risa). También quiero aclarar que los nombres de los personajes se los robé a una amiga.

レオン

Era hora de darse de topes contra la bendita pared hasta que el cerebro se licuara y se saliera por la nariz. La habitación giraba como trompo y Yoé no encontraba el botón para hacerla parar. Suspiros. De pronto, una luz le quema los ojos.

-¡Ah! ¿Te molesta?

En circunstancias normales, Yoé le hubiera soltado un puñetazo en la nariz. Pero la cabeza estaba a menos diez segundos de la autodestrucción y los hombrecitos encargados de sus habilidades motoras ya habían evacuado.

-Apágala -aún con los ojos bien cerrados, la luz se filtra. Se ve rojo.

-Bueno, ¿tuviste diversión anoche?

-No me acuerdo.

Y no es tanto que no se acuerde, sino que los recuerdos vagos e inconexos no lograrían estructurarse nunca de manera coherente y además Sía no está realmente interesado. Y a pesar del tono burloncito de sus palabras y de que jodermencantadecirtelodijewey, apaga la luz de la habitación.

miércoles, abril 15, 2009

Got Papas

Una pequeña historia escrita hace unos cuantos meses y publicada en mi antiguo blog. Advertencia: no tiene sentido.

Junio 7, 2008

Había una vez una muchacha que se robó muchas, pero muchas papas, porque había leído en algún lado que las papas hacen a los niños más inteligentes, vivos y felices. Sin embargo, como vivía en un país donde el sistema judicial era soberbio, no pasó mucho tiempo después de haber robado las papas cuando le cayó todo el peso de la ley y fue encarcelada. Pero la policía no contaba con que la cantidad industrial de papas que comió harían de la muchacha una mujer súper fuerte que fácilmente pudo romper los barrotes y escapar de su celda.

Nuestra heroína llegó en un crucero del caribe a un lujosisisisisisisísimo hotel en donde, usando sus poderes mágicos, logró robar una porción del enorme guardarropa que tenía una preciosa y millonaria duqueza que ahí se hospedaba (la muchacha necesitaba cambiarse porque las rayas horizontales del uniforme de la prisión la hacían ver gorda).

Cuando iba saliendo de la prisión, la chica se encontró con un hombre muy apuesto. El nombre de él realmente no importa, lo importante es que estaba MUY BIEN… rasurado… así es: todos los días al levantarse usaba toda clase de artilugios para tener la rasurada más suave y al ras y, gracias a ello, se había convertido en el hombre más guapo del mundo. Nuestra chica cayó rendida a sus pies en cuanto lo vio y empezó a pensar en qué podría hacer para conquistarlo. Por suerte para ella, el hombre era vegetariano, así que usó su increíble arsenal de papas para lograr que se fijara en ella; de inmediato se enamoraron y huyeron juntos a las praderas.

Los dos tórtolos enamorados eran un par de vagos (ella se la pasaba comiendo papas y él no hacía otra cosa que rasurarse), por lo tanto no tenían ni un puto centavo para vivir. A duras penas lograron comprar una casa de campaña y ahí se instalaron (en medio de las praderas). A pesar de su humilde estado, la mujer-papa y el hombre-gilette eran felices y tuvieron tres hermosos hijos en su casa de campaña, en donde vivieron durante cinco años.

Los hijos de la familia Papa Gilette eran más inteligentes que House, L, Freud, Hermione, Darwin y Benito Juárez juntos, y también un poco gordos (ambas dos cosas debido a que su dieta consistía únicamente en papas), así que pronto, cuando apenas tenían tres, cuatro y cinco años, estaban post graduados en Harvard. Los chamacos se dieron cuenta que no era bueno vivir para siempre en una apestosa casa de campaña en medio de las praderas y unieron sus mentes para inventar un sistema de telecomunicaciones tan barato y funcional que, en un par de meses, orillaron a Carlos Slim a dedicarse a la cría de gallinas.

Gracias a la asombrosa inteligencia de los niños, la feliz familia pudo volverse muy rica y comprar una hermosa casa a la orilla del mar, decorada completamente de blanco y negro (para los niños era como vivir en un enorme tablero de ajedrez, lo cual estaba bien, pues, como ya dije, eran muy inteligentes y es por todo el mundo bien sabido que a la gente inteligente le gusta el ajedrez). La mujer pudo comprarse mucha ropa como la de la duqueza y, de hecho, compró a la propia duqueza, que ahora es la ama de llaves de la casa ajedrez.

Y este es el fin de esta hermosa y conmovedora historia que yo escuché de un horno de micro ondas que tomaba el sol en una playa conocida. Es una historia real y si se la mandas a todos tus contactos ellos te odiarán. Garantizado.

Fin.

Nota y justificación innecesaria: mis compañeros de francés y yo inventamos esta historia basándonos en una serie de imágenes que sacamos al azar de una revista, a saber: una publicidad de papas, otra de L’Oreal en la que una muchacha doblaba con furia unos barrotes, un artículo sobre rasuradoras y rastrillos, una foto de una mujer muy bien vestida, un cartel sobre un crucero, la foto de una casa de campo y la de una casa de campaña y no sé qué más. No tiene sentido, claro, pero sólo era para practicar un poco el idioma al momento de contar una historia y utilizar los tiempos verbales correctamente. Nos reímos mucho… por lo menos yo (de hecho, creo que ahora creen que estoy loco).

viernes, febrero 13, 2009

Microficción: Tecleando

Me encontré con este otro textito escrito hace ya un tiempo. De hecho, ni siquiera lo recordaba, pero me pareció lindo. Espero que os guste. Fechado del 31 de julio de 2007.
Tecleando

Las teclas hacen un ruido gracioso. A él le gusta.

Cuando lo abraza por detrás, mientras está enfrascado en la escritura, puede oír el sonidito. Es rápido. Escribe tan rápido como lee, pero cuando lo hace pareciera que se desconecta del mundo.

Es el único momento del día en que no tiene cosquillas.

lunes, febrero 02, 2009

Microficción: El ornitorrinco

Microfelaciónficción: El ornitorrinco

—¿Qué te parece ésta?: "Cuando despertó, el ornitorrinco todavía estaba allí".

—Pues... no lo sé. Siento que he leído algo así antes.

Miró la hoja un segundo y la dejó sobre el escritorio.

—Mañana le sigo, pues. ¿Quieres café?

lunes, enero 19, 2009

Teléfono inalámbrico


Como no sabía que escribir decidí poner un viejo texto de minificción fechado del 2 de abril de 2007. Lo presento con algunos cambios minúsculos; me gusta, ojalá a vosotros también.

Movió el vaso de un lado a otro. Incluso, aunque ya estaba vacío, se lo llevó a los labios un par de veces. Pensó en bajar a la cocina y rellenarlo de agua o refreso, pero no lo hizo. Miraba el teléfono con insistencia, como si se fuera a escapar.

Finalmente, no sonó en toda la noche. Y en toda la noche no durmió. Cuando se dio cuenta que el teléfono inalámbrico había estado todo ese tiempo con la pila descargada, rompió el vaso y se intentó cortar las venas.

Lo bueno para él y lo malo para el mundo fue que no tenía idea de cómo cortarlas.

Amaneció al día siguiente en el hospital y ella lo miraba, sentada en una sillita.

—Quise hablarte, pero me dio miedo. Pensé que si lo hacía, me gritarías. No fue mi intención lastimarte, no tanto. Un poco, tal vez, pero no tanto.

Él la miró con los ojos cerrados, abrió la boca y pensó hijadeperra. Ella le sonrió con una mueca y después de dos semanas se casaron. Tienen una hija que quiere ser monja y un hijo que quiere ser maestro. Y no usan teléfono inalámbrico.

jueves, enero 08, 2009

Él escribía

Empezamos a publicar mi escueta obra ficcional en este blog. Os presento ahora un pequeño cuento que escribí el 1° de febrero de 2007, o sea, un par de años atrás. Ojalá os guste.


Escribía con una pluma de esas que uno se puede llevar de los hoteles sobre una de esas libretitas de notas que uno se puede llevar de los hoteles. La pluma rasgaba el papel con ese sonido que tanto me gusta, pero que no podía escuchar porque estábamos a la intemperie; el sonido me lo imaginaba yo, de todos modos.

Yo digo que escribía, aunque tal vez dibujaba. Pero uno, tengo entendido, dibuja con lápiz, no con pluma. Además, me gusta pensar que escribía, porque me gusta escribir. Sentía que él era como un amigo. Por eso tengo fe en que escribía.

Era un muchacho flaco de más o menos dieciséis o diecisiete años (como yo). Estaba sentado en una banca en el parque y yo iba saliendo de la iglesia cuando lo vi, escribiendo. Escribía con lentitud, de a pasitos, como una tortuga. Escribía (un pasito) y miraba a ningún lado, con cara de embobado (otro pasito) y luego escribía otra vez (otro pasito). Así se iba, de a poco, sin prisa. Yo sí llevaba prisa pero me quedé mirándolo. ¿Qué le dije a mamá? No me acuerdo, pero no fue: mamá, llegué tarde porque me quedé viendo a un muchacho escribir.

Tenía cara de embobado cuando miraba a ningún lado (y cada vez era un ningún lado diferente: el cielo, la iglesia, la fuente, incluso creo que me miró una vez, pero no parecía mirar lo que sus ojos apuntaban, sino algo dentro de sí) y tenía cara de serio cuando escribía. Su cara de embobado lo delataba: enamorado (como yo) tratando de escribir (como yo) algo a su amada.

¿Un poema? Hace poco releí los poemas que escribí cuando fui enamorado por primera vez. Dan asco. Pero eso fue cuando tenía catorce, ahora tengo tres años más y escribo mejor (creo). Él tiene mi edad, seguro que escribe mejor que yo a los catorce.

No se me ocurre que escribiera otra cosa que no fuera un poema, pero creo que era en prosa. Los versos son difíciles.

¿O acaso sólo escribía el nombre de ella, una y otra vez, con el formato de “I (corazón) –insertar nombre aquí–”?

No lo creo, sus ojos eran los de un intento de poeta (como yo) tratando de escribir (como yo) algo a su amada.

¿O amado? Quién sabe, no es bueno juzgar sin saber.

Ok, tal vez dibujaba.


En su momentó me gustó, ahora le veo algunos peros; sin embargo creo que está bastante bien. ¡Dejad comentarios!