Hace algún tiempo la izquierda de este país, comandada principalmente por el señor Andrés Manuel, se manifestó arduamente en contra de la privatización de la industria eléctrica (propuesta por el en ese entonces y también ahora gobierno federal de derecha).
Planteémos una situación hipotética: todos ustedes necesitan comida y agua para vivir y yo la tengo. Soy el único que tiene comida y, por lo tanto, puedo, si quiero, vendérselas al precio que se me antoje y las condiciones que se me antoje. Total, ustedes la necesitan y, sin importar que tan malo sea el servicio que yo les brindo, igual me lo van a comprar.
Pero supongamos que, de pronto, aparece otra persona que también vende comida y agua. Esta persona empieza a brindar un mejor servicio que yo: más barato, más práctico, más eficiente, más sano... Como es obvio, todos ustedes dejarán de comprarme a mí porque les conviene comprarle a él... ¿Qué hago yo? Pues lo único que puedo hacer, si quiero conservar mi clientela y mi negocio: mejorar el servicio, tratar de bajar los precios menos que mi competidor y subir la calidad más que él.
Este ejemplo ilustra por qué es necesaria la competencia y por qué son tan malos los monopolios.
Nuestra sociedad socialista wannabe tiene una terrible e irracional fobia a una serie de palabras que nuestros políticos e intelectuales nos han inyectado: riqueza, extranjero, particular y, sobre todo, privado... de algún modo, sentimos que hay ciertas cosas que son nuestras y que, por lo tanto, no es justo que algún particular se encargue de ellas; nos han enseñado a entender las cosas de la siguiente manera: los ricos son MUY malos y disfrutan explotando a los pobres, siempre que haya un particular que es dueño de un servicio (esto es, siempre que haya privatización) habrá alguien rico que disfrutará haciendo que los pobres sean más pobres e incrementando los precios para hacer sufrir al pobrecito pueblo, quitándole de paso su soberanía.
Pero la verdad es ésta: mientras el servicio esté monopolizado, no importa si es por un particular o por el estado, será pésimo. En lo personal, me parece más inteligente que se permita al sector privado proporcionar este servicio porque, de esa manera, puede haber competencia y, por lo tanto, el servicio puede mejorar.
Piensen en Teléfonos de México: yo no me acuerdo, pero sé por el testimonio de algunas personas mayores que, antes de la privatización de TelMex, el servicio era pésimo (así como es ahora el servicio de Luz y Fuerza): pedías una línea y en seis meses, si tenías suerte y a ellos se les daba la gana, te la ponían. Ahora, por el contrario, el servicio es bastante bueno, incluso a pesar de que casi está monopolizado (actualmente más y más personas están optando por la competencia de TelMex en cuanto a teléfono e internet, otorgada por la compañía de cable).
O sea que sí: yo creo que se debería privatizar el servicio de energía eléctrica. Ódienme >=D
Planteémos una situación hipotética: todos ustedes necesitan comida y agua para vivir y yo la tengo. Soy el único que tiene comida y, por lo tanto, puedo, si quiero, vendérselas al precio que se me antoje y las condiciones que se me antoje. Total, ustedes la necesitan y, sin importar que tan malo sea el servicio que yo les brindo, igual me lo van a comprar.
Pero supongamos que, de pronto, aparece otra persona que también vende comida y agua. Esta persona empieza a brindar un mejor servicio que yo: más barato, más práctico, más eficiente, más sano... Como es obvio, todos ustedes dejarán de comprarme a mí porque les conviene comprarle a él... ¿Qué hago yo? Pues lo único que puedo hacer, si quiero conservar mi clientela y mi negocio: mejorar el servicio, tratar de bajar los precios menos que mi competidor y subir la calidad más que él.
Este ejemplo ilustra por qué es necesaria la competencia y por qué son tan malos los monopolios.
Nuestra sociedad socialista wannabe tiene una terrible e irracional fobia a una serie de palabras que nuestros políticos e intelectuales nos han inyectado: riqueza, extranjero, particular y, sobre todo, privado... de algún modo, sentimos que hay ciertas cosas que son nuestras y que, por lo tanto, no es justo que algún particular se encargue de ellas; nos han enseñado a entender las cosas de la siguiente manera: los ricos son MUY malos y disfrutan explotando a los pobres, siempre que haya un particular que es dueño de un servicio (esto es, siempre que haya privatización) habrá alguien rico que disfrutará haciendo que los pobres sean más pobres e incrementando los precios para hacer sufrir al pobrecito pueblo, quitándole de paso su soberanía.
Pero la verdad es ésta: mientras el servicio esté monopolizado, no importa si es por un particular o por el estado, será pésimo. En lo personal, me parece más inteligente que se permita al sector privado proporcionar este servicio porque, de esa manera, puede haber competencia y, por lo tanto, el servicio puede mejorar.
Piensen en Teléfonos de México: yo no me acuerdo, pero sé por el testimonio de algunas personas mayores que, antes de la privatización de TelMex, el servicio era pésimo (así como es ahora el servicio de Luz y Fuerza): pedías una línea y en seis meses, si tenías suerte y a ellos se les daba la gana, te la ponían. Ahora, por el contrario, el servicio es bastante bueno, incluso a pesar de que casi está monopolizado (actualmente más y más personas están optando por la competencia de TelMex en cuanto a teléfono e internet, otorgada por la compañía de cable).
O sea que sí: yo creo que se debería privatizar el servicio de energía eléctrica. Ódienme >=D



