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jueves, julio 01, 2010

La falacia del lenguaje sexista

Yo estoy muy de acuerdo con el hecho de que hombres y mujeres debemos tener los mismos derechos y todo eso, pero me molesta mucho cuando se ponen a decir que por esa razón hay que decir "los niños y las niñas" o, peor aún, "las niñas y los niños" porque si no es sexista. O eso de que si la mayoría de las personas en un auditorio es femenina se debería de usar el femenino para referirse a todos. No es así. Las reglas de la lengua son unas y no se cambian nomás porque un académico o académica con aires de progresismo quiera sentirse muy en pro de la liberación femenina.

Aquí les dejo un artículo extraído de ElCastellano.org (link) que ilustra muy bien mi punto:

Una entre tantas otras naderías que un ciudadano español de comienzos del XXI tiene que soportar es el empeño constante que los adalides de la corrección política ponen para que todos empleemos un «lenguaje no sexista». El esfuerzo es irritante no sólo por el tiempo y el dinero dedicado a la gestación y aprobación de guías, normativas, manuales o cursos, ni por las toneladas de impresos administrativos que han de ser desechados y reeditados, sino, sobre todo, porque se sustenta en un presupuesto falso: en el hecho de que el lenguaje pueda ser sexista y responda al afán dominador de un sexo sobre otro. Filológicamente esto está tan claro que el fomento de una práctica tan escasamente fundada sólo puede deberse a ignorancia supina, o al deliberado intento de usar el lenguaje como arma política.

Respecto a lo primero, la ignorancia, no seré yo quien dude de la capacidad de nuestros gestores públicos para emprender este atropello y otros peores. No obstante, parece razonable esperar que en cada ministerio, consejería, concejalía, etc., haya al menos algún asesor ilustrado capaz de informar a quien corresponda de que una cosa es el sexo y otra el género gramatical, y que ambas no están necesariamente ligadas, ni en nuestro idioma ni en ningún otro de nuestro entorno cultural. De ahí que no pueda sostenerse que el uso predominante que algunas lenguas como la nuestra hacen del género masculino sea la consecuencia de una voluntad de dominación sobre la mujer, sino más bien de los vericuetos caprichosos por los que evolucionan las hablas humanas, que hacen, por ejemplo, que gato sea femenino en alemán y masculino en español. La atribución del género gramatical no ha seguido por lo general reglas lógicas, y unas veces el género y el sexo biológico coinciden y otras no. Esto se ha dicho en tantas ocasiones y foros tan autorizados que da pereza repetirlo, pero a veces no queda más remedio, dada la avalancha de simplezas con que se nos bombardea a diario.

Sin embargo, la presencia de asesores en los órganos de decisión política, a veces en número excesivo, me lleva a pensar que el origen del dislate se debe más bien a la ambición de usar el lenguaje como medio de hacer política subliminal. Este empeño, por otra parte, no es nuevo. Ya Orwell apuntó en su premonitoria 1984 que el Gran Hermano impondrá una neolengua con la pretensión de dominar el pensamiento de los ciudadanos y hacer inviable la crítica y la oposición política.

Pero no hace falta recurrir a la ficción. Ejemplos históricos reales muestran cómo una y otra vez algunos gobernantes han hecho un uso político de la lengua. Un caso paradigmático, en los años treinta del siglo pasado, es el que protagonizó Mussolini intentando cambiar las formas de tratamiento del italiano.

El italiano, como el español, ha desarrollado unas formas pronominales de tratamiento: en singular, la forma común de tratamiento, válida para los dos géneros, es «lei», pronombre femenino de la tercera persona del singular. Así, por ejemplo, sea en referencia a un varón o a una mujer, se dice «Lei parla troppo» (usted habla demasiado). Y, en el lenguaje más burocrático, por sus características formalistas, es frecuente la utilización del pronombre «Ell», tanto para el masculino como para el femenino. Esta manera de referirse respetuosamente a los demás data, al parecer, del siglo XV y se impuso, pásmense, por influencia española (¿recuerdan el «vuestra merced»?). Pues bien, Mussolini, considerando poco viril el uso de esa forma de tratamiento entre los descendientes de los conquistadores romanos, quiso imponer el uso del «voi», en masculino. Pero el capo Benito no tuvo éxito, porque la gente en Italia ha seguido usando el femenino para tratar de «usted».

Es de esperar que los actuales intentos de manipulación política del lenguaje no prosperen. Por descontado que existen aún situaciones de discriminación por razón del sexo de las personas, pero necesitan más coraje político y menos varitas mágicas del lenguaje para hacer ver que avanzamos. La realidad es como es, cualquiera que sea la forma con que la denominemos. Lo que hace falta son mecanismos de acción política real, no de perversión del lenguaje. Pretender que se fomenta la igualdad entre los sexos por el uso de un lenguaje políticamente correcto es como creerse que se combate el calor por llamarlo frío. Es evidente que hay mujeres maltratadas, que las tareas del hogar no se reparten aún equitativamente entre los cónyuges, o que con frecuencia se retribuye a la mujer peor que a sus colegas masculinos; estos y otros problemas deben abordarse con la máxima seriedad, pero sin engaños y sabiendo que en modo alguno se atenúan porque usemos el «todos y todas», en lugar del correcto «todos».

De todas formas, existe una razón aun más poderosa para augurar que este disparate no tendrá éxito: el lenguaje tiende a la economía. Es un comportamiento humano que se repite y responde a nuestra capacidad lógica y práctica. En el ejemplo anterior, el clásico «vuestra merced» de nuestros tatarabuelos evolucionó al «usted», y no por impulso de ningún ministro con ínfulas progresistas, sino simplemente porque era más corto, rápido y fácil de decir. Por eso, confío en que no dure mucho la moda sumisa a estos dictados políticos. En mi caso, para obligarme a decir todos y todas a cada paso tendrán que mandarme a la guardia civil que, fíjense, es femenino.

domingo, agosto 09, 2009

¿Español o castellano?

Hace un momento leí un comentario en este blog de un catalán que criticaba, entre otras cosas, el hecho de que yo usara la palabra español para referirme a mi lengua materna.

El argumento es el siguiente: esta lengua (a la cual esta persona prefiere referirse, con justa razón, castellano) es sólo una de las muchas habladas en España, por lo tanto, sólo uno de los muchos españoles.

Yo siempre he sido partidario de llamar a mi lengua castellano, pero si le digo español es porque así estoy acostumbrado a hacerlo. Si cualquiera viene a México y le pregunta a alguien qué idioma habla, dirá que habla español. Aquí nadie le dice castellano a la lengua, como nadie le dice ordenador a la computadora.

La verdad es que nos puede parecer etimológicamente incorrecto, porque, efectivamente, el castellano no es la única lengua hablada en España, pero para mí algo sobre las lenguas es muy claro: son organismos vivos (en un sentido se podría decir metafórico, no me quiero poner muy ontológico aquí) que cambian por procesos meramente naturales. Y el hecho de que se haya escogido en la mayoría de los lugares hispanohablantes la palabra español para nombrar la lengua es innegable, por más que nos rasguemos las vestiduras. Y así lo registran los diccionarios y las gramáticas: el español, también llamado castellano, es la lengua surgida en la región de castilla en España y hablada hoy en la mayor parte de ese país y en muchos de América.

Cada quien escoge con qué palabra llamar a esta hermosa lengua, pero por más que nos enfademos y nos quejemos nadie puede cambiar el hecho de que español y castellano son palabras sinónimas, es decir que se refieren al mismo concepto: la lengua en la que esta entrada está redactada.

sábado, julio 11, 2009

No a la discriminación dialectal


Si uno busca en YouTube cualquier video de alguna serie o película doblada al español y revisa los divertidísimos comentarios es casi seguro que se encontrará con un debate propio de cámara legislativa (es decir: pelea de simios) sobre por que el español de México es "malo" y el de España es "mejor" o viceversa; aunque lo cierto es que la mayoría de las veces son españoles criticando idiotamente a los malditos "sudacas".

Los débiles argumentos con llos que defienden su por lo general ofensiva opinión son dos: la supuesta originalidad del español peninsular y la supuesta pureza del mismo.

Primero: es obvio que el español surgió en España, por eso se llama español. Pero el español no se ha quedadoo en un estado petrificado desde su surgimiento hasta ahora. El español que se habla hoy en España no es el "original": ese español ya no existe. Los dialectos peninsular y mexicano son dos variantes que en algún momento y po diversos motivos se separaron de la misma rama.

Yo podría decir que lo correcto debería ser lo más usado, y entonces sí nadie puede negar que hay muchos más mexicanos hablantes del español que españoles. Entonces saltarían los más dignos españolitos a defender su honor diciéndome que "tú y yo no hablamos el mismo idioma: yo hablo ESPAÑOL (así, con mayúsculas) y tú hablas mexicano". ¡Diiiing! Respuesta equivocada: ¿cómo vamos a hablar idiomas diferentes si definitivamente nos entendemos y nos comunicamos con precisión?

El segundo argumento es el de la supuesta pureza del español peninsular. Según nuestros detractores, el español en México está plagado de préstamos estadounidenses que lo "ensucian". La lengua es natural; no es creada por el hombre a conciencia, sino que surge de manera espontánea y es modificada por la masa; pocas palabras surgen directamente de la nada, la mayoría se heredan o se prestan de otras lenguas. Es un proceso natural para la lengua el adoptar palabras de lenguas habladas en regiones geográficamente cercanas, y eso no "destruye" la lengua; al contrario, la enriquece.

Piensen en una palabra como líder; es una palabra española, perfectamente española, hasta tiene su acentito que no existe en la ortografía inglesa... pero viene de leader. Piensen en alcalde, bisutería, ojalá, confortable en el sentido de cómodo; montones de palabras que son español, pero que han sido heredadas directamente de otras lenguas. Y no hablo del latín, sino de lenguas vivas con las que estamos en contacto: francés, árabe, inglés. Todos estos procesos son naturales y por más que nos rasguemos las vestiduras no cambiarán.

Una vez leí que era incorrecto decir checar, y que la prueba estaba en que el DRAE te "redireccionaba" a checar. Mentira. No te redirecciona, sólo te dice que son sinónimos y que checar se usa en México. Así es como aparece:

1. tr. Méx. chequear.

Si fuera un redireccionamiento, aparecería como en aereopuerto, que no existe:

La palabra aereopuerto no está registrada en el Diccionario. Las que se muestran a continuación tienen una escritura cercana.
Y no es así. El diccionario la registra y en ese momento la acepta como palabra española, por más que venga del inglés. Y da cuenta, claro, de que se usa en México nada más, pero es correcta porque ahí está. Aclaro, por cierto, que la RAE es la autoridad máxima en cuanto al español se refiere, pero eso no quiere decir que ella contruya al español. Muy por el contrario, el español evoluciona y crece por sí sólo y la academia tiene que adaptarse al desarrollo natural de la lengua.

El español hablado en España no es mejor ni peor que el hablado en México o en cualquier otra parte, y la discriminación basada en razones dialectales es otra forma de racismo y, como tal, atenta contra los derechos humanos y debe ser erradicada.

domingo, junio 21, 2009

Un poco más sobre los títulos y las mayúsculas

Memo decidió que la entrada anterior hacía a mi blog merecer el rango de uno de los blogs más aburridos e insípidos. Sin embargo, otras personas la encontraron interesante y, a raíz de un comentario hecho por Jesús, he decidido ampliar un poco la explicación.

Mi novio, que estudia la lengua inglesa como carrera profesional, ha puntualizado algo respecto al uso de las mayúsculas en inglés, que resulta ser contrario al del español y que explica la razón por la cual se comete este error común: interferencia con el inglés (es decir, aplicar reglas del inglés al español).

Capitalization of titles is a conspicuous miscue in Spanish since for English applies quite the opposite, according to the rule: "A writer should capitalize the first letter of the first and last words of a literary title and of every other important word, except for articles, conjunctions, and prepositions." You thus capitalize all nouns, all verbs, all pronouns, all adjectives, and all adverbs. Therefore, it would be utterly strange and unnatural in English to see titles as: "Harry Potter and the goblet of fire" it would be as odd as to see the language called "english" rather than "English", something that we, Spanish speakers, often write without thinking.
Es decir, que en un título hay que escribir con mayúscula inicial todo sustantivo, adjetivo, adverbio y pronombre, así como la primera y la uítima palabra. Justo lo que no se debe hacer en español. Otro ejemplo de interferencia que él menciona es cuando, en inglés, escribimos los nombres las lenguas con minúscula ("english" en lugar de "English"): aquí pasa al contrario, pues en epañol, como ya habrán notado, los nombres de las lenguas se escriben con minúscula inicial.

Googleando un poco leí, aunque no puedo dar ninguna fuente confiable, que esto en inglés se deriva del alemán, donde la regla es escribir todos los sustantivos con mayúscula inicial siempre.

Todo esto demuestra que las normas son completamente arbitrarias y convencionales, por lo cual no nos debe de extrañar de ninguna manera que las cosas en otros idiomas sean tan diferentes.

Para quien tenga aún dudas sobre cómo y cómo no se deben usar las mayúsculas en español, los remito al Diccionario Panhispánico de Dudas.

sábado, junio 13, 2009

Títulos Y Mayúsculas

Es una creencia (y error) común que los títulos se escriben poniendo cada letra de cada palabra que los conforman con mayúscula; así, por ejemplo, muchos escriben "Harry Potter Y La Piedra Filosofal" cuando deberían escribir "Harry Potter y la piedra filosofal".

Las mayúsculas tienen un uso bien determinado que a todos nos enseñaron en la escuela: se usan al iniciar un párrafo, después de un punto y en la primera letra de los nombres propios. A estos usos convendría agregar que se usan en la primera letra de los títulos (como si los títulos fueran -y son a mi parecer- nombres propios).

Sin embargo, hay otra cosa que necesito puntualizar: como una maestra en la universidad nos ha recalcado mucho, cuando se escribe literatura todo, absolutamente todo, es válido. Faltas de ortografía, ausencia de mayúsculas o presencia excesiva de ella, cualquier juego con los signos de puntuación y hasta lenguaje emo-SMS. Todo. Siempre y cuando sea a propósito y con un motivo (por supuesto, si es a propósito el motivo suficiente es que el autor quiera que así sea).

(Recomiendo ampliamente la lectura de El vampiro de la colonia Roma de Luis Zapata, novela en la que no hay ninguna mayúscula, punto, coma, punto y coma, puntos suspensivos, ni separación entre párrafos... y, sin embargo, el autor se las arregla para que todo sea perfectamente claro.)

Así que, si el autor del texto decide que el título se escribe con mayúsculas al principio de cada palabra, o al principio sólo de las palabras que no son nombres propios, o en ninguna parte, se debe de respetar. Pero esto pasa pocas veces -el título de este post es una de ellas.

sábado, abril 25, 2009

La lengua NO es más bonita que la vida: La ficción

Movido a la reflexión por un artículo que me hicieron leer, intitulado "¿Es mejor leer que vivir?", entiendo por qué se me argumentó mi nick que decía "En la lengua se pueden cosas que en la vida no... por eso la lengua es más bonita que la vida". Como ya dije, tiendo a ver a la lengua de una manera más descriptiva, y con ese nick hago referencia más bien al funcionamiento de la lengua en tanto que estructura. Sin embargo, se podría entender también como que lo que la lengua crea es más bonito que la vida.

Una de las cosas más maravillosas de la lengua es su capacidad de imitar el universo. Porque, a diferencia de otros sistemas de comunicación, la lengua nos permite hablar del mundo y mentir sobre el mundo. Y entonces llega la ficción. Y sí, es indudable que yo podría escribir una novela donde todo es perfecto y claro que ahí las cosas son más bonitas que en la vida; sin embargo, tienen un problema: no son reales. Todas las cosas ficcionales, todas las cosas que la lengua crea no podrían ser, en primer lugar, de no ser por la realidad.

La lengua NO es más bonita que la vida

He tenido por un buen rato como nick la frase siguiente: "En la lengua se pueden cosas que en la vida no... por eso la lengua es más bonita que la vida." Hace un momento, alguien me argumentó que no es así y ahora me siento obligado a explicarme.

No, no creo que la lengua sea más bonita que la vida, porque la lengua es parte de la vida, una parte fundamental, en mi opinión, pero sólo una parte. La frase que puse la dijo una maestra mía (muy mala maestra, por cierto, aunque de vez en cuando dice cosas interesantes) como una broma con la que daba a entender que, a diferencia de en la vida, en la lengua las cosas son justas

[el ejemplo era muy concreto: en la voz pasiva, lo que antes era objeto pasa a ser sujeto; el cambio de rol, la posibilidad de "tomar el control" cuando antes eramos los controlados y oprimidos es una cuestión que a los seres humanos nos lleva un largo y doloroso proceso... en la lengua es tan fácil como agarrarse del verbo ser].

La lengua es el fenómeno más interesante que he presenciado; sin embargo, mi estudio de ella siempre ha tenido un enfoque muy científico: yo la veo como algo que puede ser descrito, pero no comprendido (o, más bien, mi intención es describirla, sí para comprenderla, pero no para hacer el trabajo que a los filósofos les toca de reflexionar sobre todos los conocimientos).

Ponerse a filosofar es divertido, pero no me gustaría dedicarme a la filosofía. Supongo que es algo demasiado amplio y me da miedo. Uno tiene que aprender a conocer sus propias limitaciones. Sin embargo, siempre parto de la idea de que la lengua es un fenómeno fundamental para la vida humana, como lo es, por ejemplo, el aire; pero no vivimos para el aire: el aire está para nosotros, el aire está para que nosotros estemos. Y así es la lengua.

lunes, abril 13, 2009

Licencias poéticas - Recuerdos vagos de un cachorro LeÓn

Cuando era niño y escuchaba eso de las licencias poéticas yo pensaba que había que ir a algún órgano gubernamental a solicitar una credencial, previo pago de derechos, para escribir como a uno se le diera la gana.

En serio.

domingo, marzo 01, 2009

Las comas

Repite después de mi: las comas no tienen NADA que ver con respiraciones. Las comas tienen que ver exclusivamente con cuestiones sintácticas. Las pausas que se hacen al hablar son cuestiones sintácticas que se aprovechan para respirar.

martes, febrero 24, 2009

Los fenómenos de prosodia son realmente importantes para la significación de las palabras en contextos determinados



(Creo que la figurita que aparece detrás por un instante soy yo, pero no puedo asegurarlo.)

No me gusta la palabra pareja

Si alguien te dice "fui con mi pareja" o "estaba con mi pareja" o "ya tengo pareja", entendiendo pareja como pareja sentimental, es casi seguro que esa persona es homosexual. Pareja es un término sin marca de género, así que se puede referir a un hombre o a una mujer, por lo cual, si te da pena decir que andas con alguien de tu mismo sexo dices pareja y listo.

Pero este eufemismo es taaan común, que ya es casi más fácil saber si alguien es gay haciendo un comentario respecto a la soltería para ver si dice "yo tengo (o no) pareja". En lo personal me irrita porque es una manera de querer ocultarse, y está bien, si por alguna razón —lamentable— te necesitas ocultar, pero el uso se ha generalizado hasta entre gente gay, de manera que mis amigos gays me preguntan si tengo pareja y el término me parece muy engorroso, además de que suena bien bonito decir "tengo novio".

Claro, a veces uno ya no podría decir que tiene novio, porque ya vive con el susodicho, porque ya son más bien como esposos, pero no se podría decir que están casados. Mi mamá, cuando se refiere al hombre con el que mi tía se juntó en unión libre y tiene que explicar quién es, dice: "La pareja de Laura". Y está bien en ese caso porque sería raro decir que son esposos (dado que no están casados) o que son novios (son muy grandes como para que anden en "noviazgos", es decir, lo suyo es más que serio). Sim embargo, creo que preferiría el término cónyuge (aunque tampoco marca el género de a quién se refiere) o de plano acostumbrarme a decir esposo.

Por eso yo no la uso, o trato de hacerlo lo menos posible. Y es otra de las razones por la que sí me gustaría casarme: poder referirme a él como mi marido o mi esposo, estando el término de acuerdo con las instituciones.

Bueno, es otra de mis manías.

sábado, enero 31, 2009

Decisión importante

Me voy a cambiar de carrera. Ahora sí ya me decidí. Sí, la verdad es que me encanta la literatura y todo lo que he aprendido en el año y medio que llevo estudiando Letras me ha gustado mucho. Llevo calificaciones envidiables, y creo que definitivamente tengo madera para estudiar esto. Pero no es lo mío. No me siento apasionado por la literatura.

La literatura es una de las artes que más ha ejercido influencia en el ser humano. La importancia de ésta radica, principalmente, en ser un registro de la historia, la cultura y el comportamiento humano más fácil de apreciar y de interpretar (aunque esto es muy arriesgado de decir, claro) que otras artes tales como la música o la arquitectura. La razón, muy sencilla: la literatura usa un código que todos comprendemos y que resulta más objetivo (aunque la objetividad no exista realmente) que los códigos utilizados por otras artes: el código del lenguaje verbal.

Es por eso que el estudio de la lengua va de la mano con el estudio de la literatura. Son dos cosas que no se pueden separar, y dos cosas que me encantan. Pero, mientras que la literatura me gusta, la lengua me apasiona. De esto me di cuenta cuando llevé cursos de Lingüística en los primeros semestres de la carrera. Y por eso decidí cambiarme a la Lic. en Lenguas.

La carrera de Letras estudia la literatura apoyándose en el estudio científico de la lengua. La licenciatura en Lenguas, por otro lado, estudia a la lengua apoyándose en los estudios literarios. En realidad son cosas tan parecidas que muchos hasta las confunden (y mi mamá mucho tiempo dijo que yo estudiaba Lenguas y, ahora que me cambiaré, ya se había acostumbrado a decir que estudio Letras... soy un monstruo xD). Es cuestión de prioridades y de especialidades.

No hay en donde vivo una licenciatura en Lingüística, que sería lo ideal -y no estoy por ahora como para irme a una ciudad más grande-, y Lenguas se enfoca más bien en el estudio de la lengua para propósitos específicos: docencia y traducción de lenguas extranjeras, los cuales son campos en los que sí me interesaría trabajar, aunque mi intención es especializarme en Lingüística y dedicarme a la investigación lingüística.

Así que no es un graaaaan cambio. De hecho, varias materias que ya llevé en Letras se me podrán revalidar, e incluso otras que no están en el plan me ayudarán como conocimientos complementarios, por la íntima relación que tienen los estudios literarios con el estudio de la lengua (y no es sorpresa que enseñando literatura se enseñen lenguas extranjeras).

Bueno, ahora podré mandar a leer esto a todos los que me pregunten por qué xD.

Saludos =)