miércoles, abril 15, 2009

Got Papas

Una pequeña historia escrita hace unos cuantos meses y publicada en mi antiguo blog. Advertencia: no tiene sentido.

Junio 7, 2008

Había una vez una muchacha que se robó muchas, pero muchas papas, porque había leído en algún lado que las papas hacen a los niños más inteligentes, vivos y felices. Sin embargo, como vivía en un país donde el sistema judicial era soberbio, no pasó mucho tiempo después de haber robado las papas cuando le cayó todo el peso de la ley y fue encarcelada. Pero la policía no contaba con que la cantidad industrial de papas que comió harían de la muchacha una mujer súper fuerte que fácilmente pudo romper los barrotes y escapar de su celda.

Nuestra heroína llegó en un crucero del caribe a un lujosisisisisisisísimo hotel en donde, usando sus poderes mágicos, logró robar una porción del enorme guardarropa que tenía una preciosa y millonaria duqueza que ahí se hospedaba (la muchacha necesitaba cambiarse porque las rayas horizontales del uniforme de la prisión la hacían ver gorda).

Cuando iba saliendo de la prisión, la chica se encontró con un hombre muy apuesto. El nombre de él realmente no importa, lo importante es que estaba MUY BIEN… rasurado… así es: todos los días al levantarse usaba toda clase de artilugios para tener la rasurada más suave y al ras y, gracias a ello, se había convertido en el hombre más guapo del mundo. Nuestra chica cayó rendida a sus pies en cuanto lo vio y empezó a pensar en qué podría hacer para conquistarlo. Por suerte para ella, el hombre era vegetariano, así que usó su increíble arsenal de papas para lograr que se fijara en ella; de inmediato se enamoraron y huyeron juntos a las praderas.

Los dos tórtolos enamorados eran un par de vagos (ella se la pasaba comiendo papas y él no hacía otra cosa que rasurarse), por lo tanto no tenían ni un puto centavo para vivir. A duras penas lograron comprar una casa de campaña y ahí se instalaron (en medio de las praderas). A pesar de su humilde estado, la mujer-papa y el hombre-gilette eran felices y tuvieron tres hermosos hijos en su casa de campaña, en donde vivieron durante cinco años.

Los hijos de la familia Papa Gilette eran más inteligentes que House, L, Freud, Hermione, Darwin y Benito Juárez juntos, y también un poco gordos (ambas dos cosas debido a que su dieta consistía únicamente en papas), así que pronto, cuando apenas tenían tres, cuatro y cinco años, estaban post graduados en Harvard. Los chamacos se dieron cuenta que no era bueno vivir para siempre en una apestosa casa de campaña en medio de las praderas y unieron sus mentes para inventar un sistema de telecomunicaciones tan barato y funcional que, en un par de meses, orillaron a Carlos Slim a dedicarse a la cría de gallinas.

Gracias a la asombrosa inteligencia de los niños, la feliz familia pudo volverse muy rica y comprar una hermosa casa a la orilla del mar, decorada completamente de blanco y negro (para los niños era como vivir en un enorme tablero de ajedrez, lo cual estaba bien, pues, como ya dije, eran muy inteligentes y es por todo el mundo bien sabido que a la gente inteligente le gusta el ajedrez). La mujer pudo comprarse mucha ropa como la de la duqueza y, de hecho, compró a la propia duqueza, que ahora es la ama de llaves de la casa ajedrez.

Y este es el fin de esta hermosa y conmovedora historia que yo escuché de un horno de micro ondas que tomaba el sol en una playa conocida. Es una historia real y si se la mandas a todos tus contactos ellos te odiarán. Garantizado.

Fin.

Nota y justificación innecesaria: mis compañeros de francés y yo inventamos esta historia basándonos en una serie de imágenes que sacamos al azar de una revista, a saber: una publicidad de papas, otra de L’Oreal en la que una muchacha doblaba con furia unos barrotes, un artículo sobre rasuradoras y rastrillos, una foto de una mujer muy bien vestida, un cartel sobre un crucero, la foto de una casa de campo y la de una casa de campaña y no sé qué más. No tiene sentido, claro, pero sólo era para practicar un poco el idioma al momento de contar una historia y utilizar los tiempos verbales correctamente. Nos reímos mucho… por lo menos yo (de hecho, creo que ahora creen que estoy loco).

5 comentarios:

  1. Ya la había leído. Y me gustó... pero qué importa... verdad ¿? Saludos entonces. Ciao!

    ResponderEliminar
  2. jaja por esta loca historia me gustó tu blog y le pregunte a B. por ti, así te conocí, además de que me da mucha risa esta historia.
    Te quiero amiguito. =D

    ResponderEliminar
  3. He tenido la fortuna de escuchar este cuento de tu viva voz. Déjame decirte que le imprimes una vitalidad y una fuerza tal que tratar de detener las carcajadas es misión imposible. Pero qué te puedo decir yo, tienes el don y lo sabes usar con maestría. Ojalá cuando subas más cuentos y ya no los puedfa oír de tu boca te grabes aunque sea con el celular y cuelgues en el you tube el producto de tu creación + tu voz. Tus nuevos fans los agradeceremos. Saludos.

    ResponderEliminar
  4. Que no tiene sentido, tal vez, pero es divertidísima
    Felicidades, me arrancó una sonrisa que saborea en grande.
    un abrazo cariñoso, Francisco.

    ResponderEliminar